adolescencia

El concepto más útil para analizar esta difícil etapa de la vida es el de duelo.

El mismo está relacionado con el funcionamiento del proceso del querer o del amar, que, en términos científicos, utilizando el vocabulario de la física, sería como sigue.

Una persona ama una cosa (digamos un auto o una persona), para la ciencia esa persona o cosa, indiferentemente, es un objeto. Objeto de amor.

 La persona que ama deriva por identificación energías propias y las deposita sobre el objeto de amor, esto se llama catectización ( de catexia = carga de energía), cuando un objeto amado puede ser de alguna manera mantenido en relación, el haber catectizado al mismo produce por su sola presencia, una satisfacción, aunque sea de manera ilusoria.

Ahora bien, cuando el objeto de amor ha desaparecido por alguna causa, el yo del sujeto siente que le faltan energías, que las ha perdio, por lo tanto pierde la ilusión de que esa relación podría ser inclusive, eterna. 

De esta manera el yo se siente no sólo empequeñecido, sino amenazado, por lo que se retrae y no siente la necesidad inmediata de buscar otro objeto, más bien desconfía de generar nuevas relaciones que pueden terminar de igual manera.

Por lo que necesita un tiempo en el que elaborará las características de las relaciones para luego sí volver a emprender una nueva búsqueda. 

A este tiempo de sufrimiento y dolor se lo llama duelo, es un tiempo en que se reflexiona acerca de las grandes verdades que movilizan a la filosofía, que no somos eternos al menos en nuestra forma humana, que podemos perder, que hoy estamos y mañana tal vez no, que lo que habíamos depositado se esfumó... y otras frases de esta calaña.

Ahora bien, qué tiene que ver este contenido con la adolescencia, parece más bien descriptor de la situación de alguien que ha perdido a un ser querido, cercano.

Las adolescencias no son iguales en todas las sociedades. Según sea la cultura inclusive hay sociedades que no tienen época de adolescencia. Pero como la nuestra la tiene y cada vez está más grande, la tenemos que analizar y acompañar...

El período que va desde la pubertad y hasta la juventud, es llamado adolescencia. Anteriormente duraba un poco menos, ahora dura cada vez más y tiene una lógica.

También los padres sufren frente al miedo de dejar de ser jóvenes y tratan, sin saberlo, de atrasar el desarrollo de los adolescentes.

Cuando uno es un niño idealiza a los padres, como si fueran dioses, les incorpora características de seres sobrehumanos y ésto es bienvenido por los padres, quienes sienten satisfacción de ser considerados más allá de sus capacidades.

Sin embargo, cuando se llega a la adolescencia, éstos padres idealizados dan lugar a otros padres más reales, llenos de defectos, y con características mucho más humanas. 

Esto que puede ser muy doloroso, sin embargo está más cercano a la realidad y por lo tanto es generador genuino de crecimiento sano. Sin embargo, no deja de ser otro duelo más, el duelo por los padres idealizados.

Entonces, repasemos, asistimos al duelo por el cuerpo infantil, donde aparece un nuevo cuerpo dotado de unos raros pelitos por ahí, unas capacidades físicas de procrear y de ejecutar la genitalidad que antes no estaban, pero una mente en desarrollo y en dependencia tal que no está a la altura de poder hacerse cargo de una pareja ni de una paternidad.

Duelo por el rol infantil, que es de dependencia, lleno de relaciones de protección, de reglas claras que cumplir pero que tienen recompensa si así se hace.

Duelo por los padres idealizados, padres súperman, que todo lo saben que todo lo pueden, que no te pueden fallar nunca, y que siempre te van a ayudar, aparecen ahora estos otros padres llenos de defectos tan humanos que ya no tienen casi nada de interesante para copiar.

Eso sí son blancos perfectos para la crítica. Los padres que no pueden manejar esta etapa verán irse a sus hijos de sus hogares por la puerta de atrás. Esto no es el cambio generacional, sino una crisis mal manejada.

Entre medio de todos estos duelos está la adaptación para la vida. Conseguir novia/o ser bueno en el colegio, ir por el camino de casi todos.

Aparecen conductas ligadas a la ambigüedad y de ambos lados, los chicos reclaman libertad, independencia, pero cuando se la dan reclaman que no los abandonen. 

A su vez, los padres no se animan a dar casi nada de libertad (hoy día presionados por los problemas de la inseguridad), y cuando la dan se vuelven a inmiscuir en lo que puedan. El equilibrio es difícil y único para cada familia.

Para los padres tener un hijo que busca pareja se asemeja más a la etapa de la vejez que a la de estar ellos en pleno enamoramiento, inconscientemente, es sentirse más viejo, por lo que es normal que se busquen o deseen aventuras para reafirmar la masculinidad o la femineidad.

Cómo salir indemnes de esta etapa?

Para algunos autores con gran experiencia en clínica de adolescentes, como Winnicott, no se trata de tornarse más autoritario, lo cual no haría más que agravar las cosas, ni demasiado permisivo ya que sería muy perjudicial, tampoco abandónico, sino que la solución parece pasar por un acompañamiento, o sea, estar al lado, escuchar, dar la propia opinión, poder relativizar la propia experiencia sin crear cada vez nuevas recetas.... invitar a la experiencia propia (del hijo) y ver qué pasará...

Creemos que es bien difícil pero también posible. De esta manera no perderemos a nuestros hijos en los vericuetos de la vida adolescente y no dejaremos que se internen en el mundo de la droga, el alcohol, la delincuencia, y demás problemas que luego será muy difícil de revertir.